El misterio del Rey Salomón y los objetos divinos

Salomón es sin lugar a dudas uno de los personajes más apasionantes de cuantos son citados en la Biblia. De hecho, su fabulosa estela ha trascendido como la de ninguna otra figura bíblica el texto sagrado para echar raíces en el terreno del paganismo, la magia y el conocimiento hermético, pero… ¿quién fue realmente?

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Por todos es conocida la figura del rey Salomón, personaje que aparece no sólo en los textos bíblicos sino al que también se alude en el Corán y en el Talmud.

Salomón (Shlomoh), también llamado Jedidías, fue según la Biblia el tercer y último monarca del reino unificado de Israel (es decir, antes de la separación del territorio israelita en los reinos de Judá e Israel). Hijo del rey David, gobernó sobre un extenso territorio durante casi cuatro décadas,​ posiblemente entre los años 965 y 928 a. C.

Durante el reinado de Salomón se construyó el primer Templo de Jerusalén y a él se le atribuye la autoría de los textos bíblicos titulados Libro de Eclesiastés, Libro de los Proverbios y Cantar de los Cantares.

Es célebre por su sabiduría, riqueza y poder, pues La Biblia’ ‘lo considera el hombre más sabio que existió en la Tierra. 

Se dice que el rey Salomón heredó un considerable imperio conquistado por su padre el rey David, que se extendía desde el Valle Torrencial, en la frontera con Egipto, hasta el río Éufrates, en Mesopotamia.

Tenía una gran riqueza, sabiduría y administró su reino a través de un sistema de 12 distritos.

Poseyó un gran harén, el cual incluía a «la hija del faraón». Honró a otros dioses en su vejez y consagró su reinado a grandes proyectos de construcción, Estrechó lazos fraternales con el rey de Tiro Hiram I, quien colaboró con él en diversidad de proyectos, como la construcción de la más fabulosa obra de la antigüedad: el Templo de Salomón.

 Templo de Salomon

La edificación se levantó en una explanada del monte Moriah entre los años 969 y 962 a de C., bajo la dirección del ya mencionado rey/Arquitecto de Tiro Hiram I. Es significativo que el lugar sagrado de edificación de este templo haya sido el escenario, según la tradición judía, de notables episodios anteriores, como el frustrado sacrificio del hijo de Abraham (Cuando Dios andaba de bromas), el célebre sueño de la escalera celestial de Jacob o los rituales del enigmático rey Melquisedec. El relato de I Reyes ofrece abundantes descripciones sobre las medidas y características particulares del Templo.

Los objetos de poder

El monarca contaba con una serie de objetos que facilitaban sus empresas al servicio de Dios y que otorgaban un inmenso poder a su poseedor. Según las profecías de diferentes pueblos semitas, el que tuviera estos objetos bajo su posesión tendría el poder para dominar el mundo.

Representación del interior del Templo de Salomón

Numerosos grupos a lo largo de la historia trataron de dar con el paradero de tan insólitos objetos, desde los templarios, hasta las SS (Schutzstaffel, “escuadras de protección”) de la Alemania nazi,.

El Sagrado sello del Rey Salomon

Los templarios ocuparon las ruinas de su templo reconstruido; los francmasones aseguran ser herederos de su sabiduría; los cabalistas lo sitúan como uno de sus primeros maestros y su sello es uno de los talismanes más potentes que han llegado a nuestros días.

Uno de estos maravillosos objetos es la conocida como «mesa de Salomón« que construyó Moisés bajo las meticulosas órdenes de Dios del siguiente modo:

‘’Harás asimismo una mesa de madera de acacia. Su longitud será de 90 centímetros, su anchura de 45 centímetros y su altura de 68 centímetros. La revestirás de oro puro y harás una moldura de oro alrededor del borde.

«Le harás cuatro argollas de oro y pondrás argollas en las cuatro esquinas que estén sobre sus cuatro patas. Cerca del borde estarán las argollas para meter las varas a fin de llevar la mesa. Harás las varas de madera de acacia y las revestirás de oro, y con ellas llevarán la mesa.

Harás también sus fuentes, sus vasijas, sus jarros y sus tazones con los cuales se harán las libaciones. De oro puro los harás. Y pondrás sobre ella el pan de la Presencia perpetuamente delante de Mí’’.

Ex 25:23-30

Se piensa que en este objeto sagrado, que se guardó en el templo de Salomón una vez estuvo construido, el mismo rey inscribió el «Shem Shemaforash» o Verdadero nombre de Dios que, según la tradición cabalística, no debe ser pronunciado ya que es el vocablo que utilizó Dios para crear el universo, la fuente de toda creación(ups). No sólo esto, sino que en esta mesa estaría inscrito todo el conocimiento del universo.

Otro de los objetos era el denominado «Sello de Salomón«. Una suerte de anillo mágico en el que también estaba inscrito el nombre de Dios y que Yahvé le dio a Salomón directamente del cielo.

Representación del anillo de Salomón. Es recurrente en varias culturas la idea de que algunas palabras mágicas conceden poder a su conocedor

Este anillo otorgaba al rey una serie de poderes asombrosos tales como el control sobre genios y demonios, la autoridad sobre el viento y el agua o la capacidad de comunicarse con los animales.

Parece que Yahvé sentía una especial predilección por Salomón al que, además de otorgarle un gran poder, le hizo poseedor de avanzada divinidad.

El Rey Salomón era tan poderoso que tenía control sobre entidades sobrenaturales.

‘’El Urim y el Turim’’

El Dios del Antiguo Testamento utilizaba varias vías de comunicación para designar su voluntad ante su pueblo elegido

Las piedras engarzadas a un pectoral sacerdotal que debían situarse sobre el corazón mediante las cuales se transmitía la voluntad divina y que se utilizaban para cuestiones en las que se consideraba necesaria una respuesta de Dios, como decisiones de interés nacional ya que Yahvé era el legislador de Israel.

La alfombra de Salomón

Repr. La alfombra de Salomón

Salomón tenía una alfombra mágica que utilizaba para viajar por el aire, podía llevarle no sólo a él, sino a toda su corte y podía atravesar grandes distancias en muy poco tiempo. Estaba tejida con seda verde y con oro e iba acompañada por bandadas de pájaros en sus viajes.

El arca de la alianza

Uno de los objetos más importantes de los que fue poseedor el rey Salomón fue «el arca de la alianza» que, después de acompañar al pueblo elegido en su vagar por el desierto.

Era un cofre que se colocaba en el lugar más santo del tabernáculo y que también Dios mandó construir a Moisés. Hecho de madera de acacia y revestido en el interior y en el exterior de oro puro; la cubierta, al contrario, no estaba recubierta de oro sino que era de oro macizo adornada con las figuras de dos querubines:

«Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. Harás pues un querubín en un extremo y un querubín en el otro extremo, de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines’’.

Ex 25:18-20

El arca representaba la presencia de Dios y parece ser el medio que éste utilizaba para comunicarse con el pueblo de Israel:

«Allí ciertamente me presentaré a ti, y hablaré contigo desde más arriba de la cubierta, desde entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio’’.

Ex 25:22

Este extraño objeto debía de colocarse en el interior del tabernáculo tras una pantalla divisoria además de ser cubierto por pieles de foca y una tela de color azul para impedir que el pueblo la mirase ni siquiera:

«Por el más mínimo momento y por lo tanto, muriese»

Ex 40:3

Era peligroso acercarse al arca; tocarla o mirarla podía ser motivo de muerte por alguna extraña razón. Así nadie podía acceder al interior del tabernáculo ni de broma a excepción del sumo sacerdote que únicamente tenía permitida la entrada una vez al año y, para ello, debía de portar incienso, ir cubierto de sangre de cordero y estar libre de pecado y pensamientos impuros. Sino cumplía todos estos requisitos, corría el peligro de «estirar la pata» bajo la ira de Dios, ¿pues qué esperaban?

Este dios, se manifestaba muy celoso del cuidado y del respeto con el que este objeto era tratado por los hombres, llegando a matar instantáneamente a quien se atreviera a posar un dedo sobre el arca; incluso aunque fuera (pa’) desempolvarla:

«Pero cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió la mano hacia el arca de Dios, y la sostuvo porque los bueyes casi la volcaron. Y se encendió la ira del Señor contra Uza, Dios lo hirió allí por su irreverencia; y allí murió junto al arca de Dios». :S

2 Samuel 6:6-7


Los hebreos creían que Dios residía dentro del arca y la trataban con el mismo respeto con el que tratarían al propio Dios al interpretar su presencia cerca del objeto, y es que cuando el pueblo de Israel atravesaba el desierto, Yahvé los acompañaba en forma de nube junto al arca:

‘’Y la nube del Señor iba sobre ellos de día desde que partieron del campamento’’. – Nu 10:34


«En una nube apareceré encima de la cubierta’’. — Le 16:2

Este objeto también era usado como un arma de gran poder gracias a la cual el pueblo elegido logró vencer en las guerras que su dios les ordenaba emprender conquistando así las tierras de Canaán y Jericó.

la presencia de Yahvé cerca del arca no era solo percibida por los hebreos sino que según se narra en Samuel, uno de los pueblos enemigos, los filisteos, pudieron constatarlo, al encontrarse el arca en el campo de batalla:

«Cuando los filisteos oyeron la voz de júbilo dijeron: ¿Qué voz de gran júbilo es esta en el campamento de los hebreos? Y supieron que el arca de Jehová había sido traída al campamento. Y los filisteos tuvieron miedo porque decían: Ha venido Dios al campamento. Y dijeron: ¡Ay de nosotros! Pues antes de ahora no fue así. ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de la mano de estos dioses poderosos? Estos son los dioses que hirieron a Egipto con toda la plaga en el desierto’’.

1 Samuel 4:6-8

Ya por último, el arca era también el contenedor de otros objetos que Dios otorgó al pueblo hebreo: las tablas de la ley entregadas por Dios a Moisés, la vara de Aarón con la que realizaba los milagros de Dios y la fuente de maná, que era el alimento que Dios hacía llegar a su pueblo mientras les guiaba por el desierto.


Este Dios celoso e iracundo, que encontraba un especial deleite en el oro, en algún momento hizo entrega a los hombres de una tecnología tan avanzada que sus poderes eran interpretados como voluntad divina pero que sólo otorgaba a unos pocos elegidos como el rey Salomón, o como medio para obtener un cierto fin.

El paradero de estos mágicos objetos se desconocen a día de hoy; aunque no son, ni han sido pocos los que incansablemente tratan de dar con ellos.

Cabe destacar que la última mención que se hace del arca en el texto bíblico aparece en el Apocalipsis de Juan:

‘’Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo’’.

Ap 11:19

Entre todo y a todo esto, Salomón fue un hombre sabio, «más sabio que todos los hombres», nos dice la Biblia, extendiéndose su fama por todas las naciones. Si hacemos caso de I Reyes, «formuló tres mil proverbios y compuso mil cinco cánticos», y se le ha atribuido el Cantar de los Cantares, aunque ningún estudioso serio es capaz de sostener con argumentos históricos tal afirmación. De hecho, sólo una pequeña parte de los proverbios de la Biblia parecen corresponderse con la época en la que vivió el monarca, mientras que para el Cantar tampoco hay ningún dato sólido. La tradición y el fuerte contenido sensual del libro, en consonancia con la apasionada vida amorosa y promiscua de Salomón, parecen constituir el único nexo de unión entre ambos. = )

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