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Naves Voladoras en la Antigua India: Vimanas

A lo largo de la historia del ser humano se cuentan innumerables relatos sobre extraños objetos surcando los cielos y transportando a dioses o incluso hombres. Claros ejemplos son las alfombras voladoras de Arabia, el carro de fuego que eleva al cielo al bíblico Elías y las naves como burbujas o perlas capaces de transportar a la gente a velocidades inimaginables aparecidas en el Canchur (libro milenario tibetano del cual se ha descifrado una mínima parte). Pues bien,  los Vimanas son las míticas máquinas voladoras descritas en la antigua literatura hindú.

Son numerosas y extensas las referencias a estas naves que llegaron a ser utilizadas en conflictos bélicos entre dioses, humanos y otros seres mitológicos. Se las suele describir de diferentes tamaños y formas.

Pueden aparecer como esferas lumínicas, como carro o carroza de los dioses, como míticos automóviles aéreos, como asiento o trono que se mueve por sí mismo -y carga a su ocupante a través del aire- y hasta como casas, palacios o ciudades que podían albergar a muchísimas personas dentro. El Ramayana, por ejemplo, los describe del siguiente modo:

“Los Vimanas tenían la forma de una esfera y navegaban por los cielos levantando un fuerte viento. Hombres a bordo de los Vimanas podían así cubrir grandes distancias en un espacio de tiempo sorprendentemente corto, pues el hombre que conducía lo hacía a su voluntad volando de abajo arriba, de arriba abajo, adelante o atrás”.

Tenían la capacidad de volar por los aires hasta otros planetas. En las páginas del Ramaiana ―gran poema épico hinduista del siglo III a. C. atribuido el poeta Valmiki― se encuentran alusiones a carros voladores que habrían sido utilizados en el curso de las guerras entre los dioses del panteón hinduista.

El demonio Rávana poseía un pushpaka (vimana de flores) con el que podía volar.

Mientras se iban desarrollando estas cosas, Rama, el Kakutsida, le dijo a Vibhishana:

«…Ocúpate de procurarme un pronto regreso a mi ciudad. El camino a Ayodhyá es muy difícil de recorrer». A lo que respondió Vibhishana: «Hijo de monarca de la Tierra, yo cuidaré que te conduzcan a tu ciudad. Hay un carro llamado pushpaka, carro incomparable, resplandeciente como el Sol y que marcha por sí mismo. Montado sobre ese carro, él te conducirá sin inquietud hasta Aiodhiá.«

Tras estas palabras Vibhishana llamó urgentemente al carro parecido al Sol, acompañado por su hermano y por la ilustre videhana, encendida de rubor.

El raghuida, ya montado, le dijo a Sugriva:

«…Apresúrate a subir en el carro con tus generales, Sugriva. Sube también con tus ministros, Vibhishana, monarca de los rakshasas.»

Al instante, Sugriva con los reyes de los simios, y Vibhishana con sus ministros, llenos de alegría, montaron en el gran carro pushpaka. Cuando todos estuvieron embarcados, Rama ordenó al vehículo que partiese y el incomparable carro de Kuvera se elevó hacia el mismo seno de los cielos. El carro volaba como una gran nube empujada por los vientos.

Estos “aparatos voladores” estaban construidos con metales, madera, espejos, cobre, imanes y otros materiales. Por su parte, los motores serían de vórtice de mercurio o de algún derivado de éste. Un ejemplo de Vimana mucho más actual y ajeno a la cultura hindú sería, por ejemplo la isla volante de “Laputa”. Laputa es una isla artificial imaginaria descrita en “Los viajes de Gulliver”, obra de Jonathan Swift, con la sorprendente característica de que puede volar. Laputa tenía una base de diamante y flotaba en el aire por medio de un gigantesco imán. Dicho dispositivo natural permitía a sus habitantes dirigirla en cualquier dirección.

Según los antiguos escritos de la India, los Vimanas se dividían en 4 clases principales: rukmatripurasakuna y sundara. Estos, a su vez, se dividían en otras 113 subclases. En la ancestral literatura hindú se mencionan artefactos voladores indestructibles, con capacidad de invisibilidad, tecnología de visión nocturna, capaces de captar sonidos e imágenes de otras aeronaves enemigas. En el Samarangana-Sutradhara también podemos encontrar desde velocidades, detalles técnicos y diseños hasta instrucciones sobre cómo maniobrarlas y el uso correcto de su combustible. El Ramayana, por su parte, añade:

“Con estos métodos se puede construir un vimana grande como un templo…Debe haber cuatro depósitos de mercurio en su interior. Cuando se calientan por medio de un fuego controlado, el vimana desarrolla un poder de trueno por medio del mercurio. Si este motor de hierro, con uniones adecuadamente soldadas, se llena de mercurio y el fuego se dirige hacia la parte superior, desarrolla una gran potencia, con el rugido de un león, e inmediatamente se convierte en una perla en el cielo. Fuerte y durable debe ser hecho el cuerpo, como un gran pájaro volador, de material ligero. Dentro de él debe uno poner el motor de mercurio con su aparato calefactor de hierro por debajo. Por medio del poder latente en el mercurio que pone el impulsor del torbellino en movimiento, un hombre que se siente adentro puede viajar una gran distancia en el cielo de la manera más maravillosa.”

El Ramayana (“Viaje de Rama”) cuenta las aventuras de Rama, una de las encarnaciones del dios Vishnu, protector de la humanidad. Escrito en sánscrito y compuesto por 24.000 versos divididos en 7 volúmenes, se atribuye al sabio hindú Valmiki quien debió escribirlo en torno al siglo III a. C. En él se narra la encarnizada lucha de Rama contra los Asuras (demonios sedientos de poder) que deseaban dominar el mundo y parecen análogos a los Nefilim representados en el Libro de Enoc. Frente a ellos se situaban los Devas: deidades benévolas, cuyo nombre proviene de la palabra protoindoeuropea deiwos, un adjetivo que significaba ‘celestial’ o ‘brillante’.


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